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Una reflexión incómoda

 

"Yo digo lo que pienso y no me importa lo que piensen los demás", es una frase que solemos escuchar algunas veces. Y si, estamos de acuerdo que decir lo que uno piensa o siente es genial sólo que esa sinceridad verbal es mejor si viene con la empatia necesaria para ser duro con la cuestión pero suave con las personas.

 

Que no sea que en nombre de la sinceridad terminamos generando conflictos o lastimando personas.

 

Un ejemplo sencillo: No es lo mismo decir...  "ya otra vez te equivocaste" que "me siento preocupado porque repetiste el error".

 

En la primera frase, el ataque es directo y personal. En la segunda, estoy explicando como me siento en relación al error ajeno sin atacar a la persona que se equivocó.. Con la primera frase genero un malestar. Con la segunda frase, transmito mi estado de ánimo y al no agredir, puedo buscar formas de motivar a la persona.

 

Pequeños cambios en nuestra manera de comunicarnos pueden ser de mucha utilidad para nuestras relaciones ínterpersonales.