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Mi negocio va bien y me proponen sociedad... ¿Qué responder?

Norma empezó a vender ropas a sus compañeras de facultad hace 3 años. Al principio, usó su aguinaldo como funcionaria para el capital inicial y con el dinero de las ventas, fue comprando más prendas. Durante los primeros meses, sus amigas y su familia no entendían porque ella hacia eso sí “no necesitaba” ya que tenía un buen empleo. Cuando necesitó un capital de 5.000.000 para comprar un lote de ropas, pidió un préstamo a unos amigos y a un familiar, pero le dijeron que “no era un negocio seguro” y que “mucha gente hacía lo mismo”. Finalmente, consiguió crédito en una cooperativa.

 

De a poco se hizo conocida en la Universidad donde estudiaba y los pedidos aumentaron. Después de 2 años empezó a vender por Facebook. Hoy día, gana 3 veces más que en su empleo dependiente. Y ahora, sin razón aparente, en una semana 3 personas le proponen “hacer una sociedad” para montar una tienda de ropas.

 

La pregunta del millón es… ¿vale la pena tener un socio? ¿En qué me sirve? ¿Me puede perjudicar? ¿Cómo tiene que ser ese socio?

 

Suelo decir, que la sociedad comercial es igual o más complicada que un matrimonio.  Entonces, si tengo un negocio en marcha o quiero iniciar uno, que debería tener en cuenta para elegir un socio. No hay receta ideal, pero les dejo 4 tips en base a experiencias mías y de otros emprendedores.

 

1 – Ideas y habilidades distintas, pero objetivos e ideales iguales: Es interesante contar con un socio que tenga ideas y habilidades distintas a las nuestras e incluso un comportamiento o carácter diferente. Siempre y cuando se pueda trabajar en armonía. Esa idea de “los opuestos se atraen”, ayuda para que se puedan debatir ideas y ver diferentes puntos de vista, pero, los objetivos a largo plazo, las ideas fundamentales sobre como operar y las metas deberían ser similares o por lo menos, tienen que acostumbrarse a llegar a un acuerdo. Así también los ideales personales y éticos.

 

2 – El dinero por el dinero, no siempre es buena opción: “Yo aporto el dinero y vos trabajas”. Es algo bastante conocido. Dos socios, uno tiene el conocimiento y tiempo para administrar el negocio y otro se encarga de aportar el capital. Es fundamental aquí trabajar la inteligencia emocional para mantener la armonía en el emprendimiento. Quien aporta el capital, debe entender que no siempre llegan los resultados esperados y que el socio que “trabaja” también aporta a la sociedad en iguales condiciones que él. Y el socio que aporta el trabajo debe entender la importancia de quien aporta el capital y no esperar que el mismo invierta mucho tiempo y atención en el negocio.  Por eso deben ponerse de acuerdo en los mínimos detalles antes de iniciar la sociedad.

 

3 – Crear una sociedad y no usar el RUC (y la chequera) de uno de los socios: Lo ideal es crear una sociedad y si no hay condiciones para abrir la sociedad, mínimamente un contrato por escribanía, estableciendo las obligaciones y derechos de cada socio. Hay una real posibilidad de que si la sociedad no funciona y no se alcanzar los resultados esperados, uno de los socios se quede con la carga de los cheques emitidos o el uso de su RUC. Mucho cuidado con ese punto, que no te quedes pagando sólo las deudas de una sociedad fracasada.

 

4 – Experiencia previa: Lo ideal es que alguien que vaya a entrar como socio tenga una experiencia previa en el rubro, o al menos en actividades similares. Los tiempos de retorno de una inversión varían de un tipo de negocio a otro, y no es bueno tener un socio “ansioso” por resultados, menos si no conoce los tiempos y las dificultades del área donde están trabajando.

 

Estos cuatro puntos me pueden ayudar a tomar la decisión de contar o no con un socio. Analizar detenidamente los pros y contras de la sociedad me va ayudar a elegir el mejor camino y así, seguro se crece.